jueves, 12 de noviembre de 2015

En las cimas de la desesperación - E. M. Cioran

Título En las cimas de la desesperación

Autor E. M. Cioran

Editorial TusQuets

Año 2003

Páginas 208




Escrito en 1936 bajo los efectos del insomnio, Cioran reconoce en la introducción que de no haberlo escrito se hubiera suicidado. Así de rotundo de muestra el filósofo y pensador rumano, una característica que acompaña a los muchos capítulos de su primera obra En las cimas de la desesperación, a caballo entre el aforismo y la reflexión. Todos los temas tratados en esta obra reflexionan sobre las características propias de lo humano y su relación con lo infinito.

Una primera lectura podría dejarnos la sensación de que se trata de un libro tremendamente pesimista, donde Cioran vierte sobre las páginas tal cantidad de pensamientos negativos en cierto momento de la lectura se pueden perder las ganas de seguir leyendo. Sin embargo, una lectura más atenta deja entrever un grito profundo que lucha por imponerse a la aparente oscuridad, donde el autor defiende la vida sin anclajes, ataduras o imposiciones morales. Vivir sin complejos, vivir el ahora y nunca pensar en el futuro, puesto que no existe. La reflexión profunda sobre la vida, sobre la existencia de nosotros mismos, ha de provocar inexorablemente en todos los casos un vacío profundo que siempre acaba chocando ante la única certeza absoluta: la muerte. Frente a dicho muro que toda persona se enfrenta, no queda sino la anulación de todas las normas y reglas.

Algunos capítulos, como «El hombre, animal insomne», merecen especial atención:


«Alguien ha dicho que el sueño equivale a la esperanza: intuición admirable de la importancia tremenda del sueño —como asimismo del insomnio. Este representa una realidad tan colosal que me pregunto si el ser humano no sería un animal incapacitado para el sueño. ¿Por qué calificarlo de animal razonable cuando se puede encontrar en ciertos animales tanta razón como se quiera? Por el contrario, no existe en toda la naturaleza otro animal que desee dormir sin lograrlo. El sueño hace olvidar el drama de la vida, sus complicaciones, sus obsesiones; cada despertar es un nuevo comienzo y una nueva esperanza. La vida conserva así una agradable discontinuidad, que da la impresión de una regeneración permanente. Los insomnios engendran, por el contrario, el sentimiento de la agonía, una tristeza incurable, la desesperación. Para el ser humano que goza de buena salud —es decir, el animal—, es inútil interrogarse sobre el insomnio: él ignora la existencia de individuos que lo darían todo por adormecerse, seres obsesos de la cama que sacrificarían un reino por volver a hallar la inconsciencia que la terrorífica lucidez de las vigilias les ha brutalmente arrebatado. El vínculo que existe entre el insomnio y la desesperación es indisoluble. Pienso incluso que la pérdida total de la esperanza es inconcebible sin la colaboración del insomnio. La única diferencia existente entre el paraíso y el infierno es que en el primero se puede dormir todo lo que se quiera, mientras que en el segundo no se duerme nunca».

Personalmente, ha sido una verdadera sorpresa encontrarme al otro Cioran del que tampoco hablan sus críticos: alguien que defiende la vida como único medio para evitar la locura.