miércoles, 15 de julio de 2015

Cómo se comenta un texto literario - Fernando Lázaro Carreter y Evaristo Correa Calderón

Título Cómo se comenta un texto literario
Autor Fernando Lázaro Carreter y Evaristo Correa Calderón
Editorial Cátedra
Año 1996
Páginas 205

Un libro de referencia para varias generaciones de estudiantes en los centros de enseñanza españoles. Desde hace décadas se maneja este «librito», como gustaba de llamarlo al propio Lázaro Carreter, en las clases de Lengua y Literatura. La función del libro no es otra que enseñar un método, de los muchos que existen, para poder elaborar con precisión un comentario de texto. A pesar de que el libro se enfoca a los adolescentes preuniversitarios, su naturaleza, que radica no tanto en los contenidos como en la explicación de un método universal, también es aplicable a personas de cualquier edad que deseen formarse en el noble arte de tratar cualquier tipo de texto. 
Junto con las diversas explicaciones que se van sucediendo a lo largo del libro y los consejos aportados, se acompaña todo ello de diversos ejemplos de poemas o fragmentos de obras más o menos importantes sobre los que se va trabajando de manera práctica. De este modo, se va viendo cómo se aplica el método a un caso concreto de texto y cómo deben ser los resultados deseados. 
Al final del libro se incorpora tanto un apéndice con textos de una relativa mayor complejidad, destinados a estudiantes universitarios, como un glosario con los términos empleados a lo largo del libro y que pueden generar alguna duda, a saber, qué es un aforismo, una antífrasis, qué características definen a la cuaderna vía o qué es una glosa. En resumen, se trata de un libro escrito hace muchas décadas pero que hoy día se lee con frescura. Es ameno y entretenido, útil para los jóvenes que estudian literatura como para los más mayores que desean sacar el mayor partido a todas sus lecturas. 


Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.

Alma que a todo un dios prisión ha sido;
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido, 

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.
                      Francisco de Quevedo