lunes, 4 de mayo de 2015

El estandarte - Alexander Lernet-Holenia

Título El estandarte
Autor Alexander Lernet-Holenia
Editorial Libros del Asteroide
Año 2013
Páginas 331

El austriaco Alexander Lernet-Holenia dejó sus estudios de Derecho en Viena para alistarse como voluntario en la Primera Guerra Mundial. También lo hizo en la Segunda Guerra Mundial, pero gracias a un balazo a las dos semanas de comenzar la contienda fue enviado a casa de vuelta. Sin duda se trata de un escritor con vocación bélica, como el tema sobre el que trata una de sus mejores y más reconocidas novelas, El estandarte
La historia es en apariencia sencilla, un joven oficial del Ejército Imperial llamado Herbert Menis se enamora perdidamente de una aristócrata de la alta sociedad vienesa, Resa Lang. Sin embargo, su amor se torna insostenible. En plena Gran Guerra, Menis es llamado a formar filas con diversos escuadrones en los Balcanes, haciendo frente a los ejércitos francés e inglés. 
A lo largo del libro, Lernet-Holenia utiliza al protagonista para expresar su opinión en torno a la guerra y al Imperio Austro-Húngaro. En apariencia, su visión es conservadora, resaltando en numerosas ocasiones un anhelo por los tiempos pretéritos, donde la paz, la seguridad y la concordia entre los pueblos que conformaban el gran imperio de Europa Central habían hecho florecer una de las culturas más interesantes de la historia. Del mismo modo, las apariencias y formalidades con que se describe y exalta la guerra como cuna de valores y del honor de los hombres lleva a pensar al lector que quizás Lernet-Holenia no estuvo el tiempo suficiente en el campo de batalla. Sin embargo, aflora en torno a la mitad del libro una serie de reflexiones que ponen en tela de juicio la formalidad del protagonista. Cuestiona el sentido de la guerra, el caos y el absurdo de órdenes que están destinadas al horror, llevadas a cabo por guardar una gloria que se perdió hace mucho tiempo. 
''¿Qué había ocurrido para que el mundo cambiase de tal modo? ¿Pero acaso realmente había cambiado? Seguía teniendo el mismo aspecto de siempre; los campos, las casas, el cielo y la luna eran como antes, pero algo detrás de las cosas había cambiado; lo visible permanecía igual, pero lo invisible era distinto; en el interior de las gentes el mundo cambiaba, se disolvía, se hundía; cada uno lo sentía, aun no siendo más que un campesino polaco que nunca había visto nada del mundo, o si lo había visto no lo había observado. Era el fin del mundo. ¡Cuántas veces ya se había hundido el mundo! ¡Era increíble que todavía siguiera en pie!''
Los críticos han hecho bien en comparar a El estandarte con otras obras que tratan el ocaso del Imperio Austro-Húngaro, como La Marcha Radetzky de Joseph Roth o las memorias de Stefan Zweig en El mundo de ayer, asegurando que se trata, pues, tras la comparación, de una obra de segunda. Desde luego, la obra de Roth es descomunal y un auténtico monumento de las letras germanas, pero ello no significa que El estandarte no sea una obra correctamente escrita, que contiene elementos interesantes para el estudio de la sociedad y mentalidades de la época, y que es, en fin, un testimonio esencial sobre el cambio de mentalidad que operó en Europa antes y después de la Gran Guerra. 
''Los Montes Calvario se considera, en general, restos de un mundo anterior medio humano, medio bestial,  tal vez, acaso, demoníaco, que quedaron en pie por encima de las capas de rocas y cantos rodados con los cuales los mares de épocas posteriores había llenado el terreno primordial; en su seno, se opina, llevaban a cabo su actividad los achaparrados lémures, duendecillos mezcla de hombre y bestia,  hombres pez feos y lascivos engendros de lo demoníaco, hasta que, símbolo de la luz, en lo alto se erigió la cruz y se edificaron capillas y monasterios, con lo que en las oscuras profundidades los monstruos quedaron convertidos en piedras''.